viernes, 4 de febrero de 2011

SIN RESPIRO


SIN RESPIRO

Por Susana Merlo

Mientras las alternativas extremas del clima dejaron al campo “sin vacaciones”, las nuevas acciones –directas e indirectas- del Gobierno con denuncias, reuniones, sitio a los puertos y a empresas, etc., dejaron al sector “sin respiro”, y sin tener demasiado en claro hacia adonde apuntar.

En realidad, el arranque “caliente” de este año, al menos en lo que al agro se refiere, es apenas una “muestra gratis” de lo que se debe esperar, especialmente, a partir de marzo, cuando la actividad del país se ponga a toda marcha, y cuando ya se haya recalentado (más) el ambiente político por las próximas elecciones de octubre.

De hecho, el ataque ahora a las consultoras que estiman inflación, buena parte de la cual se justifica en la suba de alimentos de la canasta básica, hace prever como muy probable que en las próximas semanas, cuando algunos productos como la carne vuelvan a afirmar sus valores (lo que cualquier técnico puede justificar más que plenamente), el Gobierno pueda retomar los viejos esquemas que aplicó a partir casi de 2005, tanto con mayores intervenciones en los mercados, como con denuncias a los operadores, sin mencionar las restricciones que pueden volver a acentuar sobre las ya jaqueadas exportaciones.

Esto, en el caso de la carne vacuna, también implica graves pérdidas para la industria frigorífica que, por un lado, se ve obligada a abastecer al mercado interno a precios por debajo de los costos, para la “gran barata” que se anuncia en los hipermercados de las grandes ciudades todos los fines de semana (que, obviamente, les exige el Gobierno) y, por el otro, que no puede compensar ni parcialmente, con las exportaciones que ya están restringidas, en la vana política oficial que intenta contener los precios internos (sin éxito), desde 2006 para acá.

El mismo esquema vale para la leche, para el trigo, para el maíz, y otra serie de productos, algunos de la canasta y otros no.

Hasta ahora, los resultados fueron malos, tanto para los consumidores, como para los productores y también para el país. De hecho, todos perdieron aunque nadie pida explicaciones y, obviamente, nadie las de.

El caso es que ahora, como en 2008, muchos de los precios de los alimentos vuelven a estar muy firmes en el mundo, por distintas razones. Pero también, igual que entonces, la inseguridad y las dudas que impone el accionar del Gobierno impiden que la producción aproveche semejante circunstancia y se largue a incrementar las inversiones para producir más.

Casi se podría decir que todo lo contrario.

El resultado es obvio: con menos inversiones hay menor producción, y ante la menor oferta los precios suben, y eso no se modifica toqueteando los números del INDEC, o impidiendo que las consultoras privadas hagan sus propios seguimientos. Con eso se logra más inseguridad, menos credibilidad, y un temor creciente de que las cosas sean aún peores de lo que se sospecha.

Ahora el campo sabe que es casi imposible que el Gobierno cambie su política para con el sector y que, más vale, podría intentar profundizarla.

También sabe que en un año de elecciones los gastos se incrementan geométricamente y que, clima mediante, va a haber un recorte en el volumen de cosecha que va a representar varios miles de millones menos de divisas e ingresos fiscales para la Argentina. En cualquier contexto, esto puede representar ni más ni menos que mayor presión impositiva sobre el sector, para “compensar”.

De ahí a la cautela máxima, a no arriesgar inversiones, esperar que “escampe”, y hasta prepararse para un eventual nuevo enfrentamiento, hay un solo paso.

Y el campo lo dio. Por eso no tuvo vacaciones y hasta concretó una casi inédita medida de fuerza, sin comercialización de granos por una semana, apenas iniciado enero.

Por eso también estuvo, y va a estar, “sin respiro” y muy alerta para ver hacia donde se orientan las próximas acciones oficiales.

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