lunes, 11 de agosto de 2008

ERRORES....

Errores católicos

O errores universales, que son los de algunos colegas periodistas que adjudican demonicidad a los Pbros. Edgar Gabriel Stoffel y Marcelo Mateo montando un zafarrancho equívoco e inoportuno.

Por Juan Carlos Sánchez


Creo no equivocarme si adjudico el culebrón a Notifé, un diario digital santafesino amparado bajo el solemne paraguas de la Universidad Nacional del Litoral, de la emisora universitaria LT10, de la Municipalidad de la Ciudad de Santa Fe hoy en manos del ex Rector de la alta casa de estudios antes nombrada y del abundante presupuesto de esos institutos. Si yerro espero me lo hagan saber. Aclaro para el lector no santafesino: Están en manos del progresismo vernáculo y de la Franja Morada pro alfonsinista a la que se suman sectores mínimos del sociolismo compartiendo todos ellos la Nueva Alianza que obtuvo el gobierno en la provincia y en la Capital derrotando al pejotismo.

Cuando escribo alguna nota parto siempre reconociendo que no podré ser absolutamente objetivo por el sencillo hecho de ser humano. Ergo, lo mismo hago cuando leo la de algún colega. Y tomo una precaución adicional: Ponerme en el bolsillo de quien escribe, su víscera más sensible. No lo hago siempre conmigo pues mi monedero invariablemente exhausto me exime en mérito a estar acostumbrado a tal estado con lo que ha logrado construir una sólida barrera contra la corrupción. (A algunos la escasez templa, a otros abarata).
Y una más: Miro el color del fondo de la página donde se escribe. Si es amarillosa aguzo el sentido crítico pues si hay algo que me desagrada es ser manipulado y adicionalmente idiotizado por alguien que me use para sus propios fines tomándome desprevenido. No ha de ser este el caso.

Y algo más antes de entrar al tema: Considero la cobardía.
Generalmente los más grandes lamebotas terminan traicionando cuando el dueño de las botas cae. Entonces son valientes, recién entonces. ¿Quién se le atrevía a Storni o a Stoffel o a Mateo en la cúspide de su poder? Ahora es moda pegarles. Igual que a los militares o a los policías. Curas y milicos son peste y material de escarnio de los cobardes.
Vamos al tema.

Dos Presbíteros de mi comunidad, Marcelo Mateo y Edgar Gabriel Stoffel celebraron en familia sus 25 años de consagración sacerdotal.
Y la familia -con la ausencia explicada de uno de sus hermanos en el sacerdocio, el cura Capocetti (*), quién si no, de quien se dice que llamó a la radio para manifestarse y reiterar sus argumentos ya analizados anteriormente en este diario y con mi firma- les brindó su amor, compañía y homenaje sin prontuariar sus errores ni realizar su panegírico sino y como debe ser en familia, alegrándose de la entrega de vida de estos dos santafesinos a la comunidad. Si el Padre Guntern estuviese vivo hubiese estado allí y habría compartido jocosamente anécdotas con el Padre Stoffel como siempre lo hizo, antes y después del famoso apriete tan mentado. Después dije, pues fue el mismo Guntern quien dijo que Stoffel no participó del hecho penalmente recriminado. También hubiese felicitado al Padre Mateo, hombre a quien conozco naranjo (desde su infancia, crecimos pared de por medio en el barrio sur de esta ciudad de Santa Fe) por las categorías académicas logradas durante su ministerio y su dedicación pastoral.
Hubiese caminado tomado de la mano del P. Mario Grassi como aquella vez en Guadalupe después del apriete. O compartido -como siempre supo hacerlo, fue goloso- la mesa de familia según su costumbre. Lástima que su médico impidió que compareciese al careo con los imputados -no es el mismo del Gral. Bussi, se nota-, tal vez allí la historia hubiese cambiado.

A partir de la celebración de estos 25 años merecida a todas luces, se desató otro culebrón al estilo de las declaraciones de Eduardo Ramos o de lo que escribo en este medio. Lo promueven siempre los mismos, muchachos de la izquierda que cobran por derecha conforme a los derechos humanos a los que adhieren, sean Notifé, Página12 o sus hermanos en la fe laica. Lamentablemente escriben sin saber y sin fundamentos y desde una concepción neuro ideológica que no se compadece con los intereses económicos que los motivan.

Habrá primero que hacer docencia. Según nuestra legislación (y pido perdón por recordárselo a compañeros de ruta de una Universidad nacional con Facultad de Cs. Jurídicas incluida) se considera inocente al reprochado penalmente sin mediar sentencia firme en su contra. Entonces... ¿Qué argumento utilizar para negar un merecido homenaje a dos sacerdotes que celebran sus 25 años?
Cambiemos de rubro, salgamos del derecho. A los escribas que abrieron el fuego, ¿los veo después de Misa el Domingo y charlamos del tema? Díganme en que comunidad participan de la Eucaristía e iré. Entonces admitiré dos cuestiones de fondo: Una, que estando en comunión con la Iglesia se interesan de sus asuntos y dos, que confesados y comulgados se verán impelidos a haber conforme a la verdad. Y me tranquilizaré. De no poder encontrarnos en espacios sagrados les pediré que no se metan con mi familia antes de convertirse. Porque al estar de moda darnos con todo es posible que ocuparse de cosas de la Iglesia desde afuera sea comercial y no eclesial.
Y volviendo a cambiar de rubro, ya como colega que de esto sabe y les conoce las cosquillas los aconsejo gratis: sean periodistas, profesionales, están a tiempo, siempre es el tiempo propicio para ser mejores y santos.

Yo escribí cientos de páginas sobre el tema Storni y sus secuelas, algunas las repetiría, por otras pedí perdón y debo algunos. Es que soy subjetivo como todo humano periodista y me equivoqué algunas veces pero nunca me vendí y evité en lo posible la pavada. No comercialicé notas ni libros después de hacer pasillo para ser recibido por el entonces Arzobispo de Santa Fe ni traicioné la confianza de nadie. Me traicionaron y perdoné aunque aún espero el pedido de perdón de algunos. No importa.
Porque escribí con autoridad sobre el tema es que algunos de los miembros del equipo periodístico que se rasga las vestiduras por el homenaje brindado a los dos presbíteros pasaron por mi casa para informarse y no una sola vez. Quiero decir con esto que fui un periodista de consulta para periodistas comerciales o sobrevivientes. No fui complaciente, deseo tampoco despiadado y nunca entrometido, hablé de lo que e interesaba como parte de esta Iglesia, como miembro del Cuerpo e integrante del Pueblo de Dios. Desde su cabeza (el Arzobispo) hacia abajo, entre luces y sombras, este Pueblo intenta reencontrarse y superar las crisis. Es malo (cosas del coludo) espantarse sin razón por fantasmas de caramelo.

En familia se arreglan los asuntos (los trapos sucios se lavan en casa). Quien diga lo contrario olvida su propia historia, ¿Cuentan acaso quienes nos atacan -hablo como Iglesia- las intimidades turbias de sus relaciones interpersonales o institucionales? ¿Hacen públicos sus intereses profundos? De los medios de prensa y de la información publicada emerge la sordidez de muchos de estos manipuladores, su vocación por el caos, por derrumbar los pocos valores que quedan en nuestra sociedad. ¡Hagan memoria! ¿Quiénes son los más entusiastas enemigos de la Iglesia? Hebe de Bonafini, vieja cotorra maleducada; Néstor Kirchner, obtuso político que histéricamente logró la demolición política de su propia esposa; Ginés González García el abortista, la dudada abuela Estela de Carlotto, algunos impresentables ministros o funcionarios. Personajes de una novela de ciencia aflicción que pocos pergaminos pueden colgar de la pared de su oficina que hayan sido válidamente ganados.
Frente a estos mamarrachos, paradigmas de una civilización que retrocede dando saltos éticos hacia el abismo -hacia atrás y a ciegas- es imposible callar o solamente convocar a la reconciliación. Es menester decir lo que se siente y piensa con claridad y si es agresiva mala suerte, nadie es absolutamente objetivo. Dígolo entonces: ¡Dejen de joder de una buena vez...!

No me equivoqué cuando años atrás advertí a Mons. Arancedo que su acercamiento a la UNL y a LT10 le traería problemas, que una vez que lo usaran lo arrojarían a los leones. Los conozco, años en los medios de prensa y en el COMFER me brindaron la experiencia necesaria. Como era de esperar fue la voz madura de Carlos Larriera la que llamó a la reflexión desde LT9, gracias Carlos. Tampoco erré cuando en público y en privado reclamé sinceramiento y misericordia para con los protagonistas del caso Storni. Macelo Mateo está sufriendo a su manera las presiones que de él derivan. Es un prodigio intelectual y desaprovecharlo sería una magna estupidez. Edgar Stoffel es el mejor en esta parte el mundo en historia y en Doctrina Social de la Iglesia, un hombre profundo y absolutamente irreprochable moral e intelectualmente y ha somatizado sus estados de ánimo permitiéndose un cáncer (y es el segundo en menos de tres años). Un conocido profesional de la medicina siquiátrica me advirtió hace dos años que Stoffel no sanaría si el stress continuaba con la consiguiente baja de sus defensas. Y ahora, a destiempo, sin motivos que los involucren, algunos idiotas útiles salan la herida. ¿Qué buscan? ¿Otro caso P. Carlos Vece nacido desde la verba de Alejandro Colussi, uno más de la Franja Morada?

Es cierto que ad intra no se hizo todo bien ni todo lo necesario, que se premió incomprensiblemente y se excluyó sin razón apropiada, que todavía hay mucho que caminar pero de allí a quejarse porque un cura realiza su trabajo es una torpeza incomprensible.
¿Mateo no puede ir al arzobispado? ¿Y a dónde debe ir? ¿No debe tener relación fluida con su obispo? ¿Y con quién la debe tener? ¿No debería dar clases? ¿Qué entonces? ¿Pasar el día comiendo chorizos de campo con vermouth?
¿Stoffel no tendría que estar al frente de una parroquia? ¿Al frente de qué tendría que estar? ¿De una marcha cuasi piquetera reclamando que no lo trasladen?
Más aún: ¿Todos los miembros de las familias de los que somos periodistas orinan agua bendita? ¿Todos nuestros familiares huelen a incienso? ¿Festejamos, celebramos sus acontecimientos personales, si o no? ¿Los homenajeamos en sus bodas de plata matrimoniales o en sus cumpleaños aunque tengan un prontuario de indecencias más frondoso que la madama de un prostíbulo de Villa María? ¿Si o no?
Entonces... ¿Por qué se escandalizan cuando en mi familia eclesial nos alegramos por los 25 años de entrega de vida de dos hombres que se pusieron vocacionalmente al servicio de la comunidad? Es más propio de viejas chismosas que de periodistas, eso, muchachos.

Me quedo tranquilo, si la Iglesia logró sobrevivir a los católicos, por esta no naufragará.


(*) Algo del Pbro. Sergio Capocetti en el programa “El Día Menos Pensado” que se emite por LT10: “Yo quise no ir” dijo, al tiempo que se excusó en el cansancio físico, propio del regreso de un viaje que había emprendido.
Curiosa contradicción del inconmovible párroco de Cañada Rosquín que convocó una movilización para evitar ser cambiado de destino, con éxito, como suele ser en estos tiempos donde valen los aprietes. Al decir “Yo quise no ir” no dice “no pude ir por el cansancio del viaje” ni otra excusa cualquiera válida. Expresó su voluntad de no juntarse con esos curas sobre los que agrega “...Stoffel no debería estar a cargo de una iglesia o Mateo dando clases”. Sería bueno que el ex gordo Capocetti intentara otra pueblada como la del mercado de abasto de cuyas consecuencias penales lo salvó el Arzobispo Storni o la última de Barrancas pero esta vez en San Cayetano, sería bueno, probaría su medicina cuando la comunidad, luego de la lectura de Mt 21,12+ procediese en consecuencia.

Capocetti es inimputable al tenor de sus contradicciones. ¿Qué sintió el Arzobispo Arancedo al escuchar las declaraciones del cura campesino? ¿Habrá recorrido su cuerpo un estremecimiento ante la frase “si le decía que no a los dos (Mateo y Stoffel) era como tomar partido y es un obispo que no se pone en contra de nadie”? ¿Ni cuando es necesario? ¿Qué quiere decir Capocetti?
Se quejó: “a muchos de nosotros, que fuimos agredidos por algunos sacerdotes, nunca jamás nos pidieron perdón”. Capocetti debe estar seguro de que por nada debe pedirlo ni siquiera por salar mediáticamente (es su pasión incorrupta) una herida de esta iglesia particular reiterando que “hay dos bandos” y que “una de esas parcialidades se resiste al cambio (...) a eso lo conoce todo el mundo, pero hay algunos que siguen con esa soberbia de no hacer un pedido de perdón por lo que ha ocurrido que le hace tanto mal a la Iglesia y todavía le sigue haciendo”.
Y mientras Capocetti y otros pocos permanezcan inmutables en el buen bando y dueños de la verdad, impolutos e incorruptibles, la reconciliación demorará y mientras tanto, con presiones y llamadas telefónicas a los medios de prensa, uno de los bandos se beneficiará.


E-mail del autor zschez@yahoo.com.ar
10 Ago 08

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