LA CONDUCTA SOCIAL Y MORAL
Por Jorge Omar Alonso
Uno de los filósofos favoritos de Barack Obama es Reinhold Niebuhr, sostenedor de un pensamiento complejo conocido como la doctrina de la conflictividad humana. Su creencia es que la naturaleza humana es defectuosa y falible siempre y especialmente en la persecución de las buenas causas. Este filósofo también fue seguido por George Bush.
Niebuhr es el exponente de la doctrina llamada realismo cristiano presente desde siempre en la cultura religiosa y política de los EE.UU. Había puesto en tela de juicio el mito de América como lugar donde se manifiesta el Reino de Dios.
Otro aspecto de los trabajos de Niebuhr se relaciona con la crítica hacia el estado de poder como lo había descripto Hobbes, a quien calificó de no haber sido lo suficientemente realista. Si bien éste con dicha construcción trató de evitar el peligro de la anarquía, según Niebuhr se equivocó al ignorar el peligro de la tiranía por el egoismo de los gobernantes.
Desde ese punto de vista Nieburh critica ese realismo político que en nombre de la corrupción o maldad de la naturaleza humana afirma la necesidad del poder, sin considerar que los hombres que esgrimen ese poder están cruzados por la misma corrupción o maldad que todos los demás.
Vuelvo a recordar que en una oportunidad Bernardo Neustad, en una nota de opinión para Crónica y Análisis, había mencionado el libro “El hombre moral en la sociedad inmoral” precisamente de Reinhold Niebuhr. Después de una trabajosa búsqueda pude hallar una edición de 1966 de Siglo Veinte.
En la introducción su autor nos dice que existe una distinción entre la conducta social y moral de los individuos y la de los grupos sociales.
Sostiene para empezar que los hombres pueden ser individualmente morales, estando dotados en cierta medida de “simpatía y consideración hacia su especie”, como que también su facultad racional “promueve en ellos de un sentido de justicia que puede ser refinado por medio de una disciplina educativa”.
No obstante estas características no se encuentran en las sociedades humanas y los grupos sociales. Esto se debe a la existencia de un egoismo colectivo que alcanza “un efecto acumulativo” cuando se unen en un impulso común.
Puntual y certeramente Nieburh ha considerado que los hombres a pesar de todo el progreso alcanzado no han podido resolver el problema de su existencia conjunta: “no han aprendido a vivir juntos”.
Nos encontramos que toda cooperación social requiere una cierta medida de coerción y en este aspecto subraya que “aun cuando ningún Estado puede mantener su unidad puramente por medio de la coerción, ninguno puede conservarla sin coerción”.
El factor coercitivo en la vida social siempre está presente aunque oculto y solo se pone de manifiesto en situaciones de crisis. Y añade muy significativamente que “el método democrático de solución de los conflictos sociales”, como por ejemplo la corriente “progre” tan extendida en nuestro País estima, “es en realidad mucho más coercitivo”
Hoy en nuestra sociedad, en el aquí y ahora, podemos comprobar que a pesar de los adelantos tecnológicos y científicos, subsisten los aspectos brutales del comportamiento colectivo del hombre aupados en terribles fanatismos.-
sábado, 15 de noviembre de 2008
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