jueves, 6 de noviembre de 2008

ESKEMA INSOSTENIBLE

Río Negro - 06-Nov-08 - Opinión
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Esitorial
Un esquema insostenible

Conforme a algunas encuestas de opinión, apenas el 20% de la ciudadanía piensa bien del ex presidente Néstor Kirchner, un político cuya imagen positiva ha caído verticalmente desde que su mujer se erigió en presidenta de la Nación. En buena lógica, la impopularidad así supuesta debería haber supuesto la pérdida de su influencia, pero sucede que actúa cada vez más como si fuera no sólo el responsable principal de los destinos del país sino el único, ya que toma todas las decisiones importantes sin consultar a nadie, con la eventual excepción de Cristina. La propuesta de nacionalizar los fondos de pensión privados fue obra exclusiva suya. Para desconcierto de los empresarios y financistas, integrantes en teoría clave del gobierno de su mujer no supieron nada de la iniciativa hasta ser informados por la prensa.

Como no podía ser de otra manera, el que la economía esté en manos de un hombre que no desempeña ninguna función pública formal, uno que, para más señas, dista de ser un experto en la materia y suele guiarse por su olfato, ha sembrado alarma tanto en el país como en el exterior. La corrida cambiaria que se ha desatado se debe a la opinión generalizada de que Kirchner es capaz de todo, de suerte que hay que intentar poner los ahorros fuera de su alcance, mientras que el rápido aumento del índice del riesgo país es la consecuencia directa del temor a que se las ingenie para asegurar que la Argentina se encuentre entre los países más golpeados por la crisis financiera internacional y la recesión global que prevé la mayoría de los economistas.

Si no fuera por la relación personal entre la presidenta y su marido, a éste no le sería dado encargarse del gobierno nacional mientras que ella se ocupa de inaugurar obras públicas por lo común bastante humildes y pronunciar aquellos discursos de tono pedagógico que casi siempre sirven para desprestigiarla todavía más. Sin embargo, por ser cuestión de su cónyuge, la presidenta parece aceptar la situación anómala que se ha creado como algo totalmente normal. Si bien de vez en cuando circulan versiones sobre encontronazos furibundos entre los dos integrantes de este eje político sui géneris, todos los vinculados con el gobierno entienden a la perfección que es Néstor el que lleva la voz cantante y que el rol de Cristina es mayormente protocolar.

Acaso lo que el ex presidente interino Eduardo Duhalde calificó de "doble comando" funcionaría de manera adecuada si su sucesor fuera un político sabio que siempre diera a su mujer consejos invalorables. Al fin y al cabo, a veces la presencia, al lado de un gobernante débil, de una "eminencia gris" que opera entre bambalinas puede resultar sumamente útil. A juzgar por lo ocurrido durante el primer año de los cuatro fijados por la Constitución para la gestión de Cristina, empero, su marido no está en condiciones de ayudarla mucho. Fue gracias a su actitud arrogante e intransigente -quería ver de rodillas a los productores rurales que se habían animado a protestar contra las retenciones móviles- que el conflicto con el campo provocó el terremoto que privó a la presidenta del grueso de su capital político. En cuanto al plan de apropiarse de las AFJP, ha provocado una reacción tan negativa por parte de los ya hipersensibles mercados, que muchos empresarios están convencidos de que el ex presidente ha condenado al país a una recesión.

En cierto modo, el orden político actual se asemeja al existente cuando Héctor Cámpora estaba en la Casa Rosada pero nadie dudaba de que el poder auténtico era de Juan Domingo Perón. En aquella ocasión, la realidad se impuso mediante una suerte de golpe palaciego seguido por elecciones anticipadas que el general ganó por una mayoría enorme, pero en ésta no hay ninguna manera fácil de solucionar el problema supuesto por la disparidad entre el esquema de poder formal por un lado y el real por otro.

Puede entenderse, pues, la inquietud que sienten quienes prevén que el ex presidente, habituado como está a comportarse como un autócrata, continuará creando dificultades gratuitas para el país y para la gestión de su mujer sin que las instituciones políticas nacionales logren movilizarse para impedir que los perjuicios causados -y ya han sido muchos- resulten irreparables.
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