miércoles, 28 de mayo de 2008

DOS ACTOS.....

Dos actos, dos propuestas, dos Presidentes y por el momento ninguna solución


Usando de pretexto una de las dos fechas patrias más importantes de la Argentina, el Gobierno y la oposición agropecuaria convocaron a sus adherentes a sendos actos en Salta y Rosario. Las diferencias fueron notables entre uno y otro, no sólo por la cantidad de asistentes que favoreció de manera notable a la gente de campo, sino porque quedó demostrado una vez más la manera con que el oficialismo aprovecha para sí un costoso aparato clientelístico pagado por los contribuyentes. En Rosario se acopló “a título personal” la dirigencia opositora con representación parlamentaria que, con mucho acierto por parte de los organizadores de la reunión, no fue invitada a subir al palco para evitar politizar el acto. Sin embargo, en el discurso del presidente de la Federación Agraria se advirtió lo contrario porque lanzó proclamas de cuño peronista y de apoyo indirecto a la política de Derechos Humanos del Gobierno.

Las arengas de la dirigencia le vinieron como anillo al dedo al Gobierno porque argumentando que el tenor de esas proclamas agraviaban la investidura presidencial, y que además planteaban inmediatas medidas de fuerza si dentro de las veinticuatro horas no eran aceptadas las exigencias ruralistas, el jefe de Gabinete suspendió una nueva reunión que iba a mantener con la dirigencia del campo. La medida encrespó aún más los ánimos de los chacareros; de los grandes, de los chicos y básicamente de los más ideologizados y promocionados.

En los días que corren el kirchnerismo está de capa caída más no vencido si por derrotado se entiende que se vea obligado a cambiar de cuajo un supuesto plan económico que hace agua por todos los rumbos. Hasta el momento ha probado todas las variantes para ocultar el descalabro: subvertir los índices de inflación, denunciar una y otra vez supuestas intrigas contra la democracia o alguno de los integrantes de la familia presidencial, proferir permanentes agravios y sermones contra diversos sectores de la vida nacional e internacional, y acusar a los agropecuarios de oligarcas, golpistas, desestabilizadores, causantes de desabastecimiento e inflación.

CORREO DE BUENOS AIRES señaló en su momento, en contraposición a muchos analistas y fundamentalistas del diálogo con escasa presencia en los claustros de la universidad de la Calle, que la guerra iba a ser prolongada porque los Kirchner no admiten opositores sino enemigos a los que entienden “hay que poner de rodillas”. Así fue en Tierra del Fuego. Y así se vive hoy en su feudo mayor. Es cierto que los líderes piqueteros han mudado sus amenazas verbales y golpeadoras contra los opositores. Quizás se deba a un plan preestablecido desde el Gobierno a quien sirven, pero también habría que considerar que para enfrentar y romper semejante cantidad de piquetes rurales en todo el país, se necesitan líderes preparados que superen con amplitud la media medida de villeras con niños y adolescentes que suelen acompañar las manifestaciones “reivindicativas” y de apoyo al gobierno “nacional y popular”.

Un poco envalentonado, uno de los dos Presidentes que tiene Argentina llegó decir hace semanas desde una de las tribunas diarias que usa para comunicarse con la sociedad: “Tengo aguante”. Hay que tener cuidado porque ciertos desafíos a la adversidad pueden también ser considerados más que actos de valentía, sesgos de irreflexión. Es conveniente gritar menos, callar lo más posible, escuchar y actuar en consecuencia. Y esto va para todos los que hablen desde una tribuna instalada en cualquier parte del país.

Para no ser menos, el otro Primer mandatario dijo “Vamos a ganar en el 2009 y en el 2011”. Hubiese sido conveniente que expresara “Vamos a solucionar el problema con el campo”, y mejor aún si esa frase la hubiera manifestado quien hoy se sienta el sillón de Rivadavia y debe ocuparse de la política interna y externa. Pero a los Kirchner les va bien, ¿para qué cambiar? Aún no llegó el momento.

SALINAS BOHIL
CORREO DE BUENOS AIRES

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