sábado, 17 de mayo de 2008

EL SAINETE

Revista
NUEVA ARGENTINA
Fundada en 1987
Director: Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla

“¿Qué hay libre, si no es libre el uso de la palabra?”
Tito Livio. (Historiador romano, contemporáneo de Augusto)

El sainete
“Entre bueyes no hay cornadas...”
A principios del siglo XX se destacaba en el país José González Castillo, nacido en Rosario. Poeta, periodista, músico, y dramaturgo, padre de Cátulo Castillo, figura señera en el tango argentino.
José González Castillo escribió, entre otros sainetes, uno titulado “Entre bueyes no hay cornadas”, de gran éxito por aquellos años. Teniendo que definir el género teatral menor que él cultivaba con innegable talento, dijo: “El sainete es la caricatura del drama”.
El sainete es una pieza breve, en un acto, jocosa, de carácter popular, que satiriza las costumbres y vicios de una sociedad. Sus personajes son estrafalarios, muchas veces absurdos y hasta ridículos, ya que la finalidad de la obra es provocar las risas del auditorio.
Alberto Vacarezza, amigo de González Castillo, fue el padre del sainete argentino. Vacarezza elige como escenario de sus obras el conventillo, un inquilinato anarquizado, en el que aportan sus cuotas de desorden el “tano”, el “gallego”, el “turco” y el “ruso”, mas algún “cabecita negra” del interior del país. Entre los arquetipos del sainete está el guapo, que guapea; el compadrito, que finge coraje y compadrea; el malevo, resentido y perverso; y el pícaro. Estaban los buenos y los malos.
Repasando todas las características de este género chico de la teatralización, no podemos menos que hacer inevitables comparaciones con la Argentina actual .
“Un país en serio”
Néstor Kirchner utilizó como slogan de su gestión la frase “Argentina, un país en serio”, ampliamente difundida por la generosa pauta oficial distribuida entre los medios de prensa amigos.
Dice un viejo refrán español: “Dime de lo que blasonas y te diré de lo que adoleces”. El país es cualquier cosa, menos un país en serio.
En los países en serio, los gobernantes no tienen fondos públicos depositados en el exterior ni incrementan sus patrimonios personales a razón de 11 millones de pesos en cuatro años, y los ministros no guardan bolsas de dólares en los baños de sus despachos. Esos países no tienen funcionarios de gabinete como Luis D’Elía, ni un Congreso que delega funciones y desobedece órdenes de la Corte Suprema. Tampoco subsidian por años una legión de encapuchados sin ocupación conocida, ni desalojan con matones a quienes manifiestan pacíficamente.
No se ve en aquellos países que los gobiernos se dediquen sistemáticamente a atacar sus instituciones fundacionales, y a perseguir a sus miembros, reemplazando la legalidad por el ensañamiento.
En los países en serio, los presidentes en ejercicio, al terminar sus mandatos no le entregan el bastón presidencial a sus mujeres.
Del drama al sainete
La década del ‘70 fue dramática en la Argentina. A partir del asesinato de Augusto Vandor, se abrió una página de sangre y violencia en la historia del país. Todo era trágico, se vivía en el horror, en el luto y el llanto. La pretendida toma del poder por la “guerra revolucionaria”, violenta y armada, intentada por las organizaciones ilegales de ese entonces, llevó a un triste enfrentamiento entre argentinos.
Pero, con todo, los que optaron por la vía armada desde la clandestinidad, corrieron riesgos. Unos más y otros menos. También arriesgaron en esa guerra las fuerzas legales. Por eso fue un drama.
Pero en la Argentina actual, tan sólo se presencia el sainete en la escena nacional.
La llegada a la Presidencia de un matrimonio que reivindica una “lucha revolucionaria” de los años ’70, en la que no participó, pretendiendo ahora reescribir el pasado a la medida de su parecer, es cuanto menos caricaturesco, sainetero.
Las bravatas desde el atril presidencial, el tono amenazante, el desafío verbal y el gesto autosuficiente, recuerdan al personaje del “compadrito” de Vacarezza.
No podían imaginar los padres del sainete a alguien mejor que D’Elía, para personificar al “malevo”.
El país todo, es un gran conventillo, anarquizado, plagado de reyertas, de personajes estrafalarios, de pícaros. Donde tampoco faltan los “cabecitas negras” llegados del interior que disfrutan del poder humillando y sometiendo.
Cartón pintado
Todo parece ser pose, actuación, escenario y cartón pintado. La pareja gobernante hace gala de sus ideas progresistas, de izquierda, de sus luchas contra “la oligarquía” y los privilegios, de su pasión por los pobres. Por eso no es serio que una cartera de la Presidente cuesta lo mismo que 42.000 litros de leche, que a su hija le regale un automóvil de 40.000 dólares, y que use un reloj de oro con diamantes equivalente a una cosecha de 240 hectáreas de maíz. En un viaje a Europa dejó 8.000 dólares en propinas. Así no es posible hablar de “los piquetes de la abundancia”.
Banalidades, frivolidad, snobismo. Parecería ser la negación de la “revolución del proletariado”. O su caricatura, versión sainete.
El esposo de la actual Presidente, instala una sede de gobierno paralelo en lujosas oficinas del exclusivo Puerto Madero. Un lugar emblemático de la frivolidad con que se transformaban las instalaciones portuarias en los años ’90. En esos años en que la pareja gobernante votaba por la reelección de Menem en la Convención Constituyente.
Mientras se habla de defender el patrimonio nacional, se prorrogan anticipadamente los contratos a una multinacional para que saque petróleo al exterior hasta el año 2040.
La deuda externa, se incrementó en 20 mil millones de dólares y ahora asciende a la bonita suma de 200 mil millones de la moneda americana. Pagamos intereses, e intereses de intereses. Pero la consigna era : “No pagar la deuda externa”. Puro sainete.
Los buenos y los malos
Si algo faltaba en este sainete nacional, es saber quienes son los buenos y quienes los malos. Eso lo determina la pareja gobernante. Los malos son los militares, los curas, los policías, las FFSS, los EEUU, el FMI, el Papa, los radicales, peronistas y socialistas que no se someten, los blancos, y la gente de campo.
Los buenos son ellos, claro está, empezando por el matrimonio gobernante. Pero también son buenos los Moyano, los D’Elía, los delincuentes comunes y los guerrilleros, los piqueteros encapuchados, los abortistas y los que están a favor del matrimonio gay. Es buena Hebe de Bonafini, la misma que aplaude a la ETA, a las FARC y los atentados a las Torres Gemelas. Para no quedarse atrás, D’Elía, se alineó con Chávez e Irán, dos modelos de virtudes.
El hijo de la pareja gobernante, lidera una agrupación que ataca a un medio de prensa. Su agrupación se denomina “La Cámpora”. Pero Héctor J. Cámpora fue obligado a renunciar por Perón y expulsado del PJ por “traición”. Nada es serio.
Mientras el conventillo se anarquiza cada día más, y los compadritos, malevos y pícaros no atinan a encontrar un final feliz para este sainete, el país real, fundado con la Cruz y la Espada, espera encontrar el sereno perfil de la Argentina Potencia.
El Director

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