Argentina está en las puertas de una nueva crisis. Lo hemos anunciado hasta el cansancio. No nos quisieron escuchar.
¿Soberbia, necedad, ignorancia, ineficiencia, ineptitud?
A esta altura de las circunstancias las causas no interesan. En esta vuelta a otro momento crítico de la Nación, hay un poco de todas.
Los argumentos archiconocidos nos repetirán que este presente y su posible desenlace fue, es y será producto de una operación de la prensa, de la gente del campo, de la derecha golpista, del neoliberalismo, de G. Bush, de Martínez de Hoz, de Videla, del mercado de capitales, de la oligarquía, de Bisordi, de Pilar Rahola, de los poderosos grupos económicos, de Luis Aguilé.
La lista puede continuar, si en algo se ha especializado este gobierno, es en buscar, mejor dicho inventar, enemigos culpables para justificar su incapacidad, inoperancia, corrupción, intolerancia, resentimiento, desapego constante a las leyes y profundo desprecio hacia quien piense, diga o proponga lo que ellos no quieren escuchar o hacer.
¿Esta postura del gobierno surge de una limitación intelectual para comprender las políticas que pueden sacar a un país de la crisis o mas bien de una preocupante omnipotencia que los hace creer que saben y que lo que han hecho es producto de su intelecto y no de la beneficiosa situación internacional?
Opinamos que también en esta oportunidad hay un poco de las dos cosas. Evidentemente la capacidad intelectual de quienes nos gobiernan no brilla con luz propia.
Analicemos esta situación: El matrimonio gobernante ama el poder y la concentración de éste en ellos. Si hubieran aplicado las políticas adecuadas para que la economía creciera ininterrumpidamente luego del favorable viento de cola de los últimos cinco años, hubieran pasado a la historia y serían recordados de por vida, pero eso no ocurrió.
Aplicaron y aplican políticas feudales iguales a las que los identificaron en los once años que gobernaron Santa Cruz.
Políticas clientelistas, prebendarias y métodos contrarios al sistema democrático y violatorios de los principios constitucionales.
Con resultados a la vista la crisis golpea la puerta al punto de derribarla en cualquier momento, no obstante lo cual continúan con sus políticas retrógradas, corrupción generalizada y sosteniendo teorías perimidas que no se aplican en ningún otro lugar respetado y respetable. Sólo son moneda corriente en lugares donde la pobreza aumenta a ojos vista, aunque se la quiera ocultar con dibujos oficiales que sostienen lo contrario.
Han dilapidado las oportunidades más espectaculares que ningún gobernante tuvo en décadas. Ellos se refugian en los guarismos de un INDEC en el que nadie cree, guarismos falsos que se han convertido y los han convertido en un doloroso hazmereir de cara al mundo que nos mira.
A esto le adicionan las diatribas patéticas y tristes de populistas acabados que continúan culpando a todos los que los antecedieron de lo que ellos no pudieron pueden resolver con todos los medios a su alcance por dedicarse a acaparar poder estableciendo beneficios personales para si mismos y para unos pocos “amigos” que apoyan este dislate, para continuar beneficiándose con el mismo.
A la luz de los hechos, muchos nos preguntamos qué será de nuestra indestructible Argentina, que a pesar de soportar durante décadas gobernantes cuyas políticas podían haberla destruido, sigue en pie pudiendo ser de los países más ricos del mundo como alguna vez lo fue.
Los políticos en su gran mayoría y quienes han dirigido los destinos del país han hecho un desastre tras otro, y a pesar de ello la Argentina continúa viva.
Justo es reconocer que la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer y nosotros los ciudadanos, salvo pocas excepciones, hemos sido grandes culpables de que nuestros presidentes sean quienes fueron, lo mismo que la mayoría de nuestros legisladores y jueces. Hemos permitido que un puñado de inmorales se adueñe del país formando una corporación que a esta altura se hace difícil controlar.
¿Cómo podría gobernar un presidente honesto, qué realmente quisiera cambiar el país y beneficiar a los que menos tienen, mejorando la salud, la educación, la seguridad y la justicia, poniendo fin a la Argentina para unos pocos?
A estas alturas parece imposible.
¿Por qué?
Porque quién quisiera gobernar de esta forma tendría que acabar con las corporaciones sindicales, piqueteras, políticas y todas aquellas que han adquirido poder suficiente para extorsionar a quién gobierne, en la forma que a ellos no les convenga.
Escuchamos en estos días que el creador de la criatura está anunciando su regreso a la política y muchos dicen que sería un buen piloto de tormentas, sí, me refiero a Eduardo Duhalde.
¿Ustedes se imaginan?
Más de lo mismo, o sea que muchos ya señalan que el verdadero culpable de que los K manejen o mejor dicho desmanejen el país a su antojo, sería un posible reemplazante de este binomio.
Si así fuese, sería muy desalentador el futuro de la indestructible Argentina que ya está renga, se arrastra y de a ratos se para y hasta corre un poco.
Los K no cederán, la historia nos dice que cuánto más cerca de fracasar se encuentra este tipo de gobernantes más se encierran en su irracional manera de manejar las delicadas circunstancias que deben enfrentar, con lo cual llevan a sus pueblos a la tragedia.
Por el momento nadie podría gobernar este país. Recién en 2009 se realizarán las elecciones legislativas que permitirían pensar o esperar un cambio de este matrimonio gobernante.
¡Cualquier cosa, que venga será mejor, dicen muchos!
Así viene sucediendo desde hace décadas, y los resultados estan a la vista. No olvidemos que cuando llegó el actual mandatario, lo mismo dijeron muchos de su predecesor y de su competidor en el balotaje, que venga cualquiera, cualquier cosa es mejor que esto. Hoy muchos argentinos piensan igual: “Cualquier cosa es mejor que esto” .
Desgraciadamente cualquier cosa puede ser otro desastre mayor que los que hemos sufrido en las últimas décadas.
Alejandro Olmedo Zumarán.
jueves, 1 de mayo de 2008
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