“LA GRAN ELIPSE DEL OPTIMISMO”.
(Por el Lic. Gustavo Adolfo Bunse). (20/5/2008)
Un razonamiento simplista es el de aquellos que dicen que ella se encuentra molesta por la sensación popular instalada sobre que el comando lo ejerce él.
Ellos fueron socios políticos unos 16 años, durante los cuales imaginaron todas las situaciones posibles. Su práctica ingénita es el salvajismo político.
Dentro de ese concepto, no tiene espacio ni la ética, ni la ontología, ni la más elemental idea cívica. Y mucho menos la conciencia crítica o la más pulida exhibición de una democracia ortopédica como la que propugnan.
Son salvajes, con objetivos muy claros.
Ella no está molesta en absoluto… cumple su rol.
Por lo tanto, si en cualquiera de los casos, son ellos dos y no otros quienes concentran la esencia del poder, puede entonces seguir flotando mansamente en el escenario, la tonta polémica sobre si manda ella o manda él.
El efecto primario de un comando ejercido desde las sombras, tiene como especial ventaja que, su carácter hipotético, virtual y no confirmado, permite disolver culpas, confundir responsabilidades y concentrar el foco de las atenciones en cualquier dirección, menos en la que viste cabalmente la autoría.
También deviene en una especie de ventaja exculpatoria, al abrir una disyuntiva en las preferencias de la creencia social, quien, cruzada por la incertidumbre, diagnostica bicefalía y se queda hipnotizada con ese descubrimiento.
Y la imaginación colibrilla de la gente, absolutamente en ascuas, vuela hacia cualquier posibilidad. Basta que nadie se anime a negarla.
Es él, es ella, o son ambos, según se mire un escenario complejo o según se espere la administración objetiva de un conflicto cualquiera.
Hasta podría ser creíble, aunque no sea cierto, que se llegue a exhibir en público a esta sociedad conyugal del comando, colapsada y rota, llegado el caso.
Y sólo con el objeto de darle oxígeno a algún craso error político que no pueda ser pagado con la cabeza de ningún ministro.
Todo lo que es comprensible desde la lógica colectiva social, opera como un motor exculpatorio eficiente y evita derrumbar el mérito de los culpables ya que reemplaza las consecuencias por los falsos correctivos.
La mayoría de la gente no se da cuenta del salvajismo que encarnan.
Una minoría significativa, en cambio, acaso se da cuenta de eso, pero actúa como si le importara realmente un bledo.
Entre todos ellos, se halla la masa crítica de los que votan en este país y que así, van marcando nuestro destino eligiendo por el método de “prueba y error” entre la caterva de sátrapas que integra la dirigencia política.
La mayoría de la gente permanece indiferente o perpleja ante las trapacerías o salvajadas políticas de cualquier estilo e incluso las considera como algo connatural con el uso del poder en estas tierras.
Se cree, de buena fe, que la discrecionalidad en el uso del gobierno es algo absolutamente comprensible y propio de nuestros sistemas tradicionales.
Todos se justifican luego, suscribiendo el desencanto y aceptando el error.
La mayoría de la gente, no tiene siquiera tiempo para saber que hacer con esto.
Sumergida en lo cotidiano, se esfuerza por ser optimista, autoengañándose.
Vuela en su alegría, al elegir cada mañana el mejor enfoque.
Vuelan todos.
También usted y yo, que no tenemos demasiado derecho a mostrar pesimismo.
Y en ese vuelo raudo, van con nosotros también los dirigentes del campo, la soja, De Angelis, los desaparecidos como López, los muertos de hambre, la ola de delincuencia, los índice truchos del Indec, los presidentes inútiles, los piqueteros premiados, los controladores de precios, los inversores espantados, los arrepentidos, los super poderes, los secuestradores y marginales, los exportadores de carne, los brasileños que nos pasaron por arriba , los monotributistas, los imbéciles, los ideólogos de la patagonia, los carpetazos , los travestis políticos, el monarca, su esposa y todos los tránsfugas de la moral que llegaron al gobierno junto con ellos.
A todas estas personas las acompañan en ese vuelo increíble, los negadores de la crisis inflacionaria, los empresarios que le temen al Gobierno y se arrastran a sus pies y las encuestas de un oficialismo falsario.
Y viajan todos, entre el desdén y la alegría : La Constitución molida a patadas por los 346 decretos de necesidad y urgencia, el sarcófago bruñido de todas las instituciones de la República, la seguridad jurídica en coma , los asaltados anónimos de todos los días , los culpables de la bomba de la AMIA, la sorna del lacayo hidrocéfalo Luis D’Elía, la declaración jurada de bienes de la familia Kirchner, el impuesto al cheque, los 16 gobernadores comprados por 20 dineros, el fusil oxidado de Kunkel y el rimmel negro de Cristina.
No se salva nadie.
Pero el sueño de nobleza, la Patria ó acaso los restos de ella, permanecen incólumes sin que los afecte el vértigo de ese vuelo alucinante, sin que las partículas del viento solar les produzcan el desgaste de locura que ha dejado a los seres humanos en este país en estado de estupidismo crónico ó de criminalidad latente.
El arte, el talento, la solidaridad y la templanza en las sociedades como la nuestra no están en ningún escaño del Congreso, ni tampoco en los bolsillos de Julio De Vido, volando en ese deseo de no querer mostrarle a nadie mala onda.
La honestidad y la nobleza de los ideales, tampoco están en ese viaje circular y alucinante.
Están quietos … en alguno de los puntos de la elipse de los “contentos” que marca el recorrido de ese vuelo… y flotan allí… esperando subirse al enorme tiovivo.
Pasamos por esos puntos, todo el tiempo y los tenemos allí, ofrecidos como sortija en calesita, para tomarlos algún día y salvar algún pedazo de pellejo de la condición decente que podría servirnos para poner a nuestro país a brillar alguna vez, a darnos orgullo alguna vez, a confiar en él . . . alguna vez.
Nadie nos va a regalar nada en estos confines extrauterinos del mundo. Aún con viento de cola, necesitamos la silla de ruedas el salvajismo impositivo y la artificialidad confiscatoria de la yunta para sostener el superávit que tenemos.
Seguir siendo un país ninguneado por todos, mientras dura este vuelo , no es algo que podamos evitar tan fácil mientras sigamos siendo llevados de la mano, mudos y silenciosos, por una yunta de canallas inspirados en el resentimiento ideológico y entrenada con cierto esmero en las artes de la hipocresía.
Es una raza que jamás ha sabido hacer nada en bien del país y que nunca supo darnos algún miserable motivo de orgullo.
Un hecho trágico que quizás podríamos dejar de sufrir, siendo acaso mucho más severos de lo que hemos sido y teniendo bastante más coraje del que hemos tenido para que no puedan viajar estos sujetos, mezclados con nosotros, de manera tan impune.
Fatalmente, así seguirán todos ellos, siendo Presidentes, siendo ministros y diputados, por los siglos de los siglos.
Se meterán en un lavarropas político y volverán reciclados como entes mutantes de la infamia y de la deshonra.
Volverán con una careta nueva a postularse en masa para los mismos cargos.
Indefectiblemente, alguno de esos mediocres (quien otro ?) va a ser ungido nuevamente para dirigir nuestros destinos y va a seguir, del mismo modo… arruinándonos la vida.
Algunos dicen que la gente ya se está dando cuenta de la estafa y que será difícil que nos engañen otra vez.
Pero no es cierto. Ahora vienen las elecciones legislativas, que ellos no pueden darse el lujo de perder. Harán cualquier cosa para eso.
El que ya se dio cuenta… o está resignado o les teme.
Y el que no se dio cuenta, va a ir al cuarto oscuro… tal como va la vaca al brete.
Todos los mercaderes de la carcoma, bajo cualquier rostro de ave rapaz y desde cualquier traje desabotonado, nos seguirán mirando de costado, con un ojo guiñado y el otro desorbitado, mintiéndonos en forma alevosa, instigándonos enfrentarnos unos con otros, inventando fantasmas, enemigos por doquier y complots en cada esquina.
Seguirán… aún sabiendo que van derecho a otro enorme naufragio, tal como lo han hecho matemáticamente todos los anteriores, aún sabiendo que son incapaces de gestionar nada. Y aún sabiendo que, ganen o pierdan las elecciones del 2009, podrán pactar tranquilamente con el tránsfuga que les acepte el cheque, para luego traicionarlo ó para ser ellos mismos traicionados con una rara fruición vocacional de césares de baldío.
Y así nos dejan a todos perplejos y mirando desde nuestro alegre optimismo esquivando en una contorsión ese maldito escepticismo que a nadie le gusta, pero que forma parte de una mirada muy realista a la que no podemos obligarnos cada mañana, de cada día, de cada hora de nuestras vidas.
Por cuanto sería mas entendible un gran pesimismo, que es el que le queda a cualquiera después de tanto apaleo de engaño, viéndolos salir a todos ellos, al final del cuento, retrocediendo en cuatro patas sin terminar su mandato, ó en los helicópteros, por las azoteas de palacio.
Dejándonos a todos transidos de asco por haber creído en ellos una y otra vez, acaso sólo por una sofocada angustia ó peor aún, por la infantil necesidad de creer en algo.
Nos subestiman hasta lo indecible queriendo acostumbrarnos la mollera con discursos “urbi et orbi” a entender que los delitos no deben reprimirse, que el desempleo no ha dejado de bajar, que la inversión sigue llegando al país a raudales, que hay una seguridad pública restaurada y que lo malo es bueno y que lo bueno es malo.
Nos acostumbran, sin dudas, para que el caos del último día no tenga que significar para ellos la menor imputación posible y de tal modo… se puedan retirar, como siempre lo han hecho, sin dar una sola explicación y sin que nadie se las exija.
Con todo, en ese gran vuelo de estúpida jocundia, en esa elipse del optimismo usado como escudo para vivir contentos, acaso podamos tener más ventajas los escépticos, como que jamás viviremos el choque estrepitoso contra un nuevo desencanto.
Lic Gustavo Adolfo Bunse
gabunse@yahoo.com.ar
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