Lo que es de todos, termina siendo de nadie
Un fenómeno visible en la Argentina de hoy, es el notorio desinterés por la cosa pública en la mayoría de sus ciudadanos, tal como se ha manifestado ya, en esta columna y en distintas notas de ENFOQUES POSITIVOS.
Es, en definitiva, una tendencia, que en esos trabajos a los que se alude, se la ha calificado como desentendimiento, despreocupación, falta de apego a las normas legales, -lo que también es una forma de desinterés por el país-, y tal vez algunas otras expresiones que no se nos ocurren en este momento, pero surgen siempre en cualquier charla entre amigos o inclusive a nivel académico, cuando en una disertación alguien quiere explicar el fenómeno de la Argentina, país que no es el único que padece de esta afección, sino que está acompañado por otros, especialmente en la región.
El caso de Venezuela probablemente sea el más emblemático en este momento, porque por un comportamiento como el que aquí se describe, creció enormemente la corrupción en ese país, y finalmente llegó al Gobierno HUGO CHÁVEZ, con todo lo que ello representa, por el poder que ha sabido tomar este advenedizo, y lo que costará echarlo ahora, precisamente por ese poder y organización que tuvo tiempo de armar.
Las crisis políticas argentinas, mientras tanto, se han producido por la misma razón. Y por ella también han sabido llegar al poder gobiernos sin ningún fundamento moral o ético, ni tampoco con la capacidad que se requiere para conducir un país.
La historia, lo sucedido al respecto en los últimos años, nos exime de cualquier comentario ampliatorio.
Y una de las grandes mentiras con las que suelen endulzar al pueblo los gobiernos demagógicos y populistas, consiste en hacerles creer que lo que es del Estado es de todos, así la Universidad pública, los edificios del Estado, las plazas, las calles y aquello que tiene un uso público, dicen que es de todos. Aquí, en nuestro bendito país, y en muchos otros parecidos, este tipo de argumentos prende fácil.
Y parecería que no hay ningún argumento mejor que el mencionado, para crear la conciencia de que las cosas, en realidad, no les pertenecen a nadie. Entonces no hay quien las cuide, ni las respete, ni las haga crecer o desarrollar, porque, al ser de todos, -como se explica-, no es de nadie en particular, que quiera responsabilizarse por el usufructo que otros tienen sobre esas cosas.
Países con mentalidad comunista, han fracasado con esta postura, después de una primera etapa en la que todo parecía que podría ser exitosa.
Lo que ocurre es que, siguiendo esa tendencia populista, los malos gobernantes quieren crear en la gente la sensación de que poseen algo importante, mintiéndoles, en realidad, porque quienes terminan detentando todos los bienes, y los utilizan para su mejor provecho, son, precisamente, los malos y falsos gobernantes.
Entonces, el desinterés que se demuestra por la política, que también es la cosa pública, carcome como una mala enfermedad, en la sociedad y en los Estados. La vigencia por años de una postura semejante en la comunidad, lleva, ineludiblemente, a males profundos de los cuales se hace difícil después, salir.
Es necesario entonces, imprescindible, educar en la conducta adecuada, enseñando los valores de una Nación, el patrimonio de la misma, las instituciones que curan cualquier desvío cuando se las respeta y se las hace funcionar. Esta es una de las misiones del periodismo, pero también de todos aquellos que algo tienen que ver con la sociedad, como empresarios, funcionarios del Estado, Jueces, Docentes, y ciudadanos de todo tipo.
Las grandes crisis políticas, pueden servir para obligar a la gente a reflexionar sobre las causas de las mismas. Y esta es tal vez, una interesante oportunidad para hacerlo hoy en nuestra querida Argentina …
Carlos Cabana Cal.
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