Estimados...De mis archivos he rescatado esta carta de nov.2003 y que fuera dirigida por el Dr.Juan Gabriel Labaké en su oportunidad, a la entonces diputada .....-o Senadora?-... Cristina Fdez.Walheim de Kircher, que aunque data de algun tiempo por los hechos que han venido transcurriendo y continuan... la que despues de tambien pasar por el Senado a + de "primera dama" la ahora presidente de la Nacion... como que su conducta se asemeja mucho a una perfecta "tortillera"....
.................Pero vamos a la carta y anexo que la muestra tal cual es.... y despues de abrir el adjunto, es evidente de que esta LOCA, al igual que su consorte, ..... de peronistas "NONI".
lllllllllllllllllllllllllllllllllllllll Fernando Garcia
Del Viso, 18 de noviembre de 2003
Sra.
Cristina Fernández de Kichner
PRESENTE
De mi consideración:
He escuchado con estupor sus palabras en el llamado Acto de la Militancia, que usted y el señor Alberto Fernández organizaron en la Sociedad Rural de Palermo, y que generosamente difundió la TV.
Ante todo, la trato de señora, y no de compañera, porque, igual que en el caso del señor Alberto Fernández, temo ofenderlos si les asigno ese tratamiento que la costumbre ha transformado en distintivo de los peronistas.
En efecto, aún cuando el acto fue denominado por ustedes como de la militancia (se supone que era de la militancia peronista), sus características y, sobre todo, su discurso, señora, poco tuvieron de peronista.
En primer lugar, es ya sorprendente que un acto de nuestra militancia se realice en la Sociedad Rural, dentro de un confortable salón, con muchas mesas y pocos comensales y, lo que es peor, sin entusiasmo ni mística alguna. El 17 de noviembre de 1972 ha pasado a la historia argentina (no sólo peronista) como un hecho de profunda mística militante que coronó 18 años de resistencia contra la dictadura. Esa epopeya se logró gracias al coraje y a la lealtad a su pueblo de un viejo conductor de casi 80 años, y a la entrega sin límites ni especulación de una militancia insobornable.
Conmemorarlo en ese “elevado” escenario y con una gélida presencia “de gente” silenciosa es, cuanto menos, lastimoso y, si me permite, nada peronista.
En segundo lugar, no escuché el nombre de Perón en sus labios, ni en los del señor Fernández, a pesar de que se festejaba el regreso del General a la Argentina y el apoyo decisivo que le dio la militancia ese día. ¿Qué festejaron, si no?
En tercer lugar, me sorprendió su discurso, señora. En él usted desarrolló una idea muy rara para un peronista, y más aún en el día en que Perón se reencontró con su pueblo. La transcribo: “Hoy no necesitamos ir a Ezeiza a esperar un hombre providencial que haga las cosas por nosotros”...
¿Significa que usted fue a disgusto a Ezeiza aquel día? ¿O no fue, porque consideraba que Perón venía, como un entrometido, a hacer por nosotros lo que era tarea exclusiva nuestra? Y hoy, ¿iría si se diera el caso con las mismas características? Para usted, ¿aquéllo no fue una conducta correcta del pueblo peronista, y sí lo es la actitud crítica suya de hoy? ¿Debimos quedarnos en nuestra casa y dejar que Perón llegara en total soledad a enfrentare con sus proscriptores que eran nuestros dictadores y verdugos?
Da la impresión de que usted desconoce la rica relación dialéctica que existió entre Perón y los peronistas, y que se da siempre entre un verdadero conductor y su pueblo. Son los anglosajones y los europeos quienes sostienen que el pueblo argentino fue un rebaño conducido por un hombre que se creía “providencial”.
El extraño acto de la Sociedad Rural y sus palabras en él, señora, se unen a otros hechos sorprendentes: en casi seis meses de gobierno, ni usted ni su esposo han pronunciado jamás el nombre de Perón y el de Evita. Tampoco han mencionado siquiera la Tercera Posición, mientras el presidente ha viajado a Londres para incorporarse a la Internacional de la Tercera Vía, de alguien tan lejano a nosotros como Tony Blair. También su esposo ha viajado diligentemente a entrevistarse en forma alegre y afectuosa con el más lejano aún George Bush, a la primera indicación de éste, mientras se aburre en las reuniones con los presidentes latinoamericanos. ¿No le parecen demasiadas coincidencias, señora?
Ante todo ello, que marca un rumbo ya definido, es legítimo preguntarse y preguntarle: ¿Usted y su esposo fueron a Ezeiza en 1972? ¿Eran peronistas en ese momento? ¿Lo fueron en la década de los ’70? ¿Se sienten realmente peronistas hoy?
Aunque su respuesta no le interese a un sector respetable de argentinos, para nosotros es de suma importancia. Al fin y al cabo, recuerde que usted es senadora y su esposo presidente, gracias al apoyo de los peronistas (los de Perón, los que fueron a Ezeiza en 1972), no de Chacho Álvarez.
Atentamente.
Juan Gabriel Labaké
Tucumán 1650, PB, 1, Capital
5811-1292
jglabake@telered.com.ar
lunes, 12 de mayo de 2008
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