jueves, 1 de mayo de 2008

¿ AMARILLA YO ?

Legrand, Canosa, Rial y el duelo del me dijo, le dije, le digo.

Señora de las cuatro décadas
Desde la consagración de una mujer que ha logrado una permanencia sostenida e indiscutida en el medio televisivo, se esconde la mujer que no soporta, aunque quiera disimularlo, que la critiquen. Es por eso que Mirtha Legrand lee todo lo que se escribe sobre ella y aún más.
Se presenta en el medio como una diva y muestra joyas de manera ostentosa. Tal vez sea por eso, que convoca, a quienes atraviesan delicados problemas económicos a vender lo poco que tienen a Leiva Joyas. Ella dice, en la publicidad, que son de su absoluta confianza y que el trato es excelente. Sin embargo, el tráfico de la información indica que cuando alguien concurre al lugar con algún objeto que cree es de valor cuando en realidad no lo es, por poco, te echan y encima, sus empleados miran a los clientes con sorna. Con lo cual, el drama de la carencia se potencia con el drama de la subestimación.
Así, la señora Mirtha cambió la calma de las hemorroides, por la supuesta calma que se adquiere luego de ir a vender alhajas. Apuesta, mediante su imagen de personaje con trayectoria de los medios, a la confianza de sus televidentes. Muchos de ellos, según relevamiento de datos, oscilan entre la clase baja y la clase media alta. Además, claro está, de los periodistas que han encontrado en el programa de la comensal, un espacio amarillo por momentos efectivo.
Porque a pesar de las críticas que ha hecho durante años, la señora entendió que las reglas de juego han cambiado. Entonces, ahora invita más a la gente del medio del espectáculo que a los políticos. Se subió a la vorágine del minuto a minuto y ya nada le importa. La señora, quiere que se tiren “bombas”. Quiere despiole.
Se convirtió en una opinóloga más de la vida privada de sus pares.
Aquello que siempre reprochó, ahora, forma parte de uno de los condimentos más sabrosos de sus almuerzos. Incluso, cuando algún invitado evade algunas de sus preguntas, Legrand rezonga diciendo que después van al programa de Rial y/o Canosa y cuentan todo.
Cuarenta años al aire equivalen entonces a, por lo menos, treinta años de decir que ese año que transita en la TV es el último.
A cuarenta años de interrumpir a sus invitados cuando responden a sus preguntas.
A más de veinte años de decir, “lo digo o no lo digo”. A muchos años de una absurda pelea con Chiche Gelblung por una foto publicada y que poco la favorecía en la tapa de una revista. A más de veinte años de un profundo lamento boricano por haber estado sin aire a causa de una prohibición durante los primeros años del alfonsinismo.
Más, aproximadamente 10 años de tener que acomodarse a las idas y vueltas de los romances de su nieta Juana Viale. Romances lícitos de una chica bellísima y joven. Pero que en la concepción de su abuela y cuando se trataba de otros, eran mirados con vergüenza.
Lo cierto es, que a su pesar, la diva de los almuerzos devenidos en mesas de chimentos, debió agiornarse. Por lo menos, cuando la luz roja de la cámara se enciende, el simulacro debe comenzar.
En sus almuerzos en la Ciudad de Mar del Plata inició el circo de lo que guardaba en sus exquisitas carteras y de eso, la periodista Adriana Schettini elaboró toda una nota acerca del “éxito” que daba el secreto de la carterita.
Ahora bien, más allá de sus intentos y en materia de saber, más que culta, “chuiquita”, como le suelen decir, es informada. Distancia abismal con lo que es el bagaje cultural de una persona.
No obstante, ella se muestra segura y como una gran conocedora de todo.
De hecho, días pasados entrevistó al joven que había sido secuestrado -Ariel Perreta- y parecía, en lugar de una entrevistadora, una morbosa que esgrimía que de atravesar ella por esa situación querría saber por curiosidad quiénes fueron sus captores.
Necesita, constantemente, ponerse en el centro de la escena.
Lamentable pero real.
Sin embargo, y quizás ya no por curiosidad sino por egolatría, opina sobre seguridad, política y todas las esferas de la vida como si fuese especialista. Una especie de polirubro que toca más bien, de oído y da consejos.
Le pide a la Presidente, tirando por la borda la “erudición” de la cual se jacta, que su retórica sea más sencilla porque ella, no le entiende. ¿Le hará caso Cristina Fernández? ¿Le importará algo lo que diga la señora de las cuatro décadas?
Todo puede ser. De hecho, lo es. Dado que independientemente de alcanzar escasas veces los dos dígitos, algunos directivos de los canales de aire quieren tenerla en sus respectivas pantallas por su lucidez y glamour. Incluso, por su soberbia. Soberbia que fue destrozada en pocas oportunidades pero suficiente para reiterar que ella es muy memoriosa.
Detallamos: Silvana Suarez en aquel almuerzo en el que esta última se levantó y se retiró cuando transitaba por su contencioso divorcio de Julio Ramos.
Soberbia que también se resquebrajó cuando Andrea del Boca le negó su embarazo en cámara y luego lo hizo público en el living de la otra diva, Susana Giménez.
O bien, se sintió burlada, cuando el actor Facundo Arana también le negó que fuera a ser padre.
Tres situaciones que enojaron mucho a la Reina Madre de la televisión como la bautizó el señor Gelblung y de las que todavía hace referencia. ¿No será mucho?

Intrusos y Profesionales
La guerra entre los dos programas de chimentos persiste asombrosamente. El desembarco de Canosa a la pantalla de Canal Nueve terminó por desquiciar al conductor intruso que antes la criticaba por estar sin trabajo y ahora la boicotea por ser su competidora.
Una pelea que se agudiza cuando comienza “Show Match” con sus respectivos segmentos. En este caso, Bailando por un Sueño.
Sucede, que el programa de Marcelo Hugo no termina a las 12 o 12:30 de la noche. Prosigue durante la mañana en los canales que levantan las performances, en los resúmenes de todo lo sucedido en la jornada, en los noticieros y por supuesto, en los programas de Rial y Canosa.
Basta que uno esté a favor de X para que el otro haga causa común con Y.
Lo cual no está mal. Es parte del show mediático y de una forma de hacer TV que se ajusta a las demandas de la sociedad de consumo y a la autorregulación de la Caja de Pandora.
Es más, la reconciliación de las partes podría ser entretenida durante dos horas y en el contexto, por ejemplo, de los almuerzos de la señora. Algo que desea desde hace tiempo pero que todavía no ha podido conseguir.
Luego, es mucho más rentable que la pelea continúe.
Canosa es muy histriónica en su programa y Rial, es muy obsesivo en el de él. Característica que lo lleva a ser irónico y hasta en algunos casos, absolutamente cruel y contradictorio.
Defiende acertadamente que Serafín, el participante ciego de Bailando, concurse, al tiempo que se burla de Gerardo Sofovich por el problema que lo llevó a tener que utilizar una prótesis en su pierna. Hecho por el cual nunca se victimizó.
Lo critica, tristemente, por tener poco más de 70 años y seguir en el medio.
Rarezas de Jorge Rial. Las cuales, sean tal vez, las que lo han llevado a tener una permanencia con Intrusos. Y con las cuales sea, según analistas de medios, el showman de la tarde.
Veamos, son varios los frentes que tiene abiertos. Sofovich, Canosa, el productor Diego Gvirtz, Araceli González y otros con los que entabla una relación lúdica que tiene más que ver con la complicidad del escándalo que con una pelea propiamente dicha.
Algo similar sucede con la conductora de Los Profesionales. Tiene conflictos con AMERICA, con Claudio Villarruel, y ahora con la “Tota” Santillán. Y de vez en cuando “coquetea” con Marcelo Hugo y su producción.
Ambos –Viviana y Jorge- se suben a la ola del me dijo, le dije, le digo y terminaron arrastrando a Mirtha. Quien ahora, arma mesas con todos periodistas del espectáculo.
Ella no quiere. No obstante, a veces, es más amarilla que los merenderos de la tarde.

Publicado por Laura Etcharren

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