La protesta agropecuaria y la teoría oficialista acerca de un golpe de Estado
La beligerancia entre el Gobierno y los chacareros se encuentra en sus primeros escarceos. Por suerte, semejante despropósito no logró eclipsar en el periodismo y la opinión pública la desolación y el sufrimiento que causa a ambos lados de la Cordillera de Los Andes, la puesta en movimiento de un volcán en el sur de Chile. Es entendible que después de la palpable indeficiencia demostrada por la secretaria de Medio Ambiente nacional en el incendio de setenta mil hectáreas en el Delta entrerriano y bonaerense, la funcionaria haya tardado tanto tiempo en llegar al lugar al estar ocupada en deshojar la margarita "en ir o no ir y para qué", pero sería hora que la Presidente visite a los compatriotas afectados por la erupción del volcán. Si no lo hace, con seguridad recibirá fundadas críticas y si no concurre, también. Son preferibles, palos por hacer que por ausencia de accionar.
En una asamblea de productores rurales en Gualeguaychú, se hizo presente el presidente de una federación de comerciantes, nuevo correveidile del Gobierno con el evidente propósito de ser agredido por los concurrentes y desmadrar el conflicto. Apenas fue objeto de algunos empujones. La sacó barata. Buscaba lo mismo que otro matón piquetero cuando agredió a manifestantes opositores en Plaza de Mayo: sumar puntos de oro en su obsecuencia. En declaraciones posteriores, el kirchnerista de tercera generación manifestó que el paro agropecuario está gestando un golpe de Estado. Esa línea argumental es continuadora de las lucubraciones del ex guerrillero Carlos Kunkel, diputado nacional, integrante del Consejo de la Magistratura y uno de los principales asesores de los Kirchner. La ultraizquierda golpista de antaño, convertidos algunos de sus integrantes a la vida democrática a la violeta, ve negros nubarrones en su horizonte democrático y estilo de vida. Una de sus integrantes, defensora de Castro, ETA, Chávez y las FARC, anotició recientes y más problemas. Hebe explicó que violentaron la sede de Madres. Ayer fue amenazada a través del portero eléctrico del departamento en que vive. Y anteayer, por citar un solo caso de las innumerables denuncias de los defensores de los “derechos humanos”, otro ex guerrillero diputado nacional, denunció la masacre de tres policías bonaerenses como un intento de desestabilización de la derecha. ¿Quién está llevando en realidad el cántaro a la fuente?
La contienda entre el matrimonio presidencial y los ruralistas va a ser prolongada: sin tiempo, como la Guerra Fría del siglo pasado. Y no siempre la razón le gana a la soberbia. En especial cuando uno de los bandos acumula tal cantidad que podría abastecer a Hugo Chávez por décadas. Y eso es mucho. El campo aprieta, asfixia, y por momentos tritura. Sus integrantes entendieron que es más fácil poner la mira en los vecinos a quienes votaron que en Río Gallegos. Más cerca y económico. Quizás se llegue después –si es que existen las condiciones constitucionales– a la revocatoria de los mandatos para colocar en esos lugares a políticos adictos a sus exigencias y no proclives a los afanes y afanos que se dan en otras áreas de la República. El gobernador más preocupado por este fenómeno es el de la provincia de Buenos Aires que ha suspendido su presencia en cuanta inauguración se había programado en el interior del territorio. Alineadísimo con los Kirchner de quien fue su vice en el primer mandato no desea que los revoltosos le produzcan un tractorazo en la ciudad capital de La Plata.
Los agropecuarios, que tan bien han intelectualizado su protesta a tal punto que por la contundencia de sus argumentaciones parece prudente no rebatirlos, pifian cuando piden la puesta en marcha del federalismo para que las cosas marchen mejor. Un país unitario como Chile funciona bien y hasta es tomado aquí como ejemplo por muchos colonizados mentales, incluso del “campo nacional y popular”. Si se toma como modelo la Constitución de Norteamérica, la economía de Alemania, el sistema político inglés, la clase dirigente chilena, el tren bala francés y el autoritarismo del caudillaje bravucón local, el resultado será un nuevo Frankestein bolivariano cuyas partes, imposibles de responder a un solo cerebro y a una sola alma, seguirán teniendo vida propia. Por el momento, los dirigentes del campo deberían dejar de lado el tejido de fantasías intelectuales y dedicar todos sus esfuerzos a machacar sobre la víscera más sensible de los Kirchner.
Si no alcanzan a comprender que la clase política está en otra cosa, su cruzada estará perdida de antemano. La semana pasada se sancionó una ley nacional por la que los custodios de locales bailables, además de otras consideraciones a las que estarán obligados, deberán cursar estudios durante tres a cinco años en las que cursarán materias como derechos humanos, comunicación “no violenta” (¿?) y técnicas de neutralización de agresiones físicas (más ¿?). Deberán, además, haber cumplido con la educación obligatoria. La sanción de esa ley –como otras de igual cuño– están aprobadas por quienes no tienen obligación de saber leer y escribir para poder legislar.
SALINAS BOHIL
CORREO DE BUENOS AIRES
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