Por Jorge Omar Alonso
En el estudio preliminar “Lo real y lo posible” que escribió el profesor Gustavo Varela a la edición de Las Bases de Juan Bautista Alberdi, manifiesta que éste se definía como “un ausente”, “que no deja de pensar un instante en cómo hacer de la Argentina un Estado Moderno”. Prosigue el profesor Varela, que Alberdi piensa la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX siendo un error acudir a sus escritos “para fundar autoridad en cuestiones que están por fuera de la época” para la cual aquel escribía. No obstante en la actual Argentina invertebrada, de la consternación y la disociación, no está demás acudir al pensamiento y a la obra de unos de los padres fundadores para esclarecernos.
Alberdi escribió que “los Estados no andan sin provecho el camino de los padecimientos”, contrariamente en la Argentina actual a pesar de haber transitado tantas fracturas y conflictividades, tantas rupturas del orden y haber soportado un baño de sangre en la cruel década de los ’70, no parece haberse sacado ningún provecho de las lecciones aprendidas. Lejos de ello se insisten con las recetas, los discursos y las manías del pasado y con la vuelta de los nefastos personajes de aquella década y que hoy mancillan la Patria.
Argentina es un país acosado por una política de hostilidad, de abominación del consenso y del debate de las ideas por la empecinada imposición del pensamiento único.
Algunos actores de la política bien intencionados como así también reconocidos hombres del intelecto con una pluma de fuste, han llamado a la reflexión y han expuesto con suma claridad los males a los que se enfrenta la República . Pero como expresara Alberdi, es como que predican en el desierto: “tiempos desiertos…tiempos sordos , que no quieren oir sermones de ningún género”.
Hoy se habla de “doble comando” en el manejo del gobierno, vaya sorpresa se hubiese llevado aquel al ver en qué se ha convertido el andamiaje jurídico-institucional del País que nos dejara en sus Bases; con un ex presidente “en ejercicio” o de “facto” como se acostumbra a decir, que ha constituido ese poder en las sombras impelido por su soberbia y que no gozará del aumento del poder moral a medida que disminuya su poder directo y material, como escribió Alberdi con relación a quién finalizado su mandato se retira de la escena pública.
Desde el pasado en su “Discurso de Despedida”, George Washington nos ofrece una lección de institucionalidad al dejar por imperio de la ley fundamental la más alta magistratura del país. En dicho texto exhorta a los ciudadanos a que se manifiesten “si con buenas intensiones he contribuido a la organización y administración del gobierno”. Ante la instancia del alejamiento del poder, reconoce con humildad que “el peso de los años, que crece con los días, me amonesta más y más que la sombra del retiro me es tan necesaria como deseable”; y en lo que constituye todo un párrafo aleccionador agrega: “Llevo la consolación de creer que mientras la elección y la prudencia me invitan a abandonar la escena política, NO LO DESAPRUEBA EL PATRIOTISMO” .
Lejos, muy lejos de esta escala de valores se muestra quien con su temeraria actitud, esta conduciendo a la Argentina al sumidero.-
CRONICA Y ANALISÍS
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