martes, 13 de mayo de 2008

SCIOLI

SCIOLI: BREVE HISTORIA

DE UN APRIETE

Desde hace aproximadamente un mes y mientras comenzaba a vislumbrarse que el sector agropecuario no aceptaría las retenciones confiscatorias y pondría en marcha un amplio plan de resistencia - de allí el interés del gobierno en contar con el ilegal apoyo de los servicios de inteligencia militares - el poder central tuvo noticias de que muchos gobernadores apoyarían al campo. Más aún, el kirchnerismo supo que se pondría en juego su centralismo político que hasta ahora le otorgó el poder hegemónico y que por ende, su futuro entraría en una situación de riesgo fortificado por la incapacidad de quien figura como presidente de la República. Cristina no sabe cómo actuar en esta encrucijada en que solita se ha colocado y simultáneamente el conflicto derivaría, cómo ya sucede, en un reclamo de las provincias por una participación directa en la recaudación fiscal que debería nacer en los municipios. Es decir, en una inversión del sistema vigente donde la Casa Rosada maneja los dineros públicos a discreción y las provincias aparecen como convidados de piedra en este proceso que da vida al Estado. En Olivos se vislumbró la posibilidad de una exigencia para revivir el perdido federalismo pero la falta de información ajustada le hizo cometer errores que profundizaron el conflicto que a esta altura es imparable.

En consecuencia, el kirchnerismo comenzó a evaluar la información que le llegaba a través de la SIDE sobre cual sería la posición de los gobernadores, convertidos en una de las piezas clave de lo que ocurre. Pero la mirada bizca de Kirchner se posó una vez más en Daniel Scioli, de hecho el gobernador de mayor peso político dada la importancia de la provincia de Buenos Aires. También llegaban noticias de que otros gobernadores no sólo estaban inquietos, sino de que habían reuniones - agunas cruzadas - entre ellos. Sus teléfonos y computadores escuchadas y leídas por una parte de la inteligencia oficial pudieron constatar el grado de preocupación con que analizaban el escenario, en tanto se hacía pública la adhesión del santafecino de Carlos "Lole" Reuteman, considerado como una reserva para ocupar la Casa Rosada ante un eventual ahondamiento de la crisis.

Pero para Néstor, Cristina y la escasa media docena de funcionarios que los rodean con absoluta lealtad e influencia ideológica, Scioli es el gobernador más importante que debían asegurar dentro de las filas oficialistas. Por lo tanto, pusieron en marcha todo un juego de presiones ejecutadas principalmente por el vicegobernador Alberto Ballestrini, quien hace más de diez días insistía en que ambos debían firmar una declaración conjunta de apoyo al matrimonio presidencial, de apoyo al llamado "modelo económico" y de denuncia contra el campo y el resto de los sectores que lo respaldan. Alarmado el gobierno por las simpatías que el agro y todo el interior recibía por parte de la opinión pública, apuró el "apriete" de Ballestrini sobre Scioli, sobre todo por la falta de recursos líquidos del tesoro provincial, que apenas le alcanza para pagar los sueldos. Tan fuerte fue la presión de Ballestrini, que Scioli dió un portazo - simbólica y literalmente - y le negó a su vicegobernador lo que éste le exigía. De esto hace unos diez días y hasta hoy y frente a las definiciones que le pedían y piden, Scioli cuerpeó la maniobra kirchnerista y ya contra las cuerdas mandó a su principal ministro en la materia para no quedar afuera de los contactos con el campo. La reunión entre el ministro y los dirigentes de las entidades no logró el nivel de definición requerido por éstas pero tampoco los visitantes se fueron con las manos vacías. Promesa va, promesa viene, quedó abierta una expectativa que quedará en el nivel de "reserva política", lo que dependerá de los ataques que realice el gobierno y por supuesto, de lo que haga el propio Scioli. En su fuero íntimo éste no desconoce que el gobierno central "que parte y reparte" aumentará sus presiones, lo que quedó demostrado con los llamados del ministro del Interior, Randazo y los renovados esfuerzos de Ballestrini en favor de la firma de una declaración taxativa contra el campo.

Contradicción y más "aprietes"

Sin embargo aquí surge una contradicción interesante: si el poder central ya bastante debilitado aumenta los ataques contra el gobernador de Buenos Aires, Scioli puede quedar fortalecido e incrementar sus contactos con el gobernador de Córdoba, Schiaretti, con Binner en Santa Fe, con los de Corrientes y Entre Ríos, quienes esperan los próximos pasos del Gobierno para actuar, pero también los de otros gobernadores para coordinar acciones comunes. El ex gobernador de Córdoba, De la Sota, se reunió hace unas horas con Eduardo Duhalde, en la porteña confitería Los Dos Chinos se suceden los contactos que los cansados hombres de la Side no logran cubrir totalmente, en la Comisión de Agricultura y Ganadería la reunión que se desarrolla en estos momentos registra insultos de toda laya, empujones y amenazas entre sus miembros, especialmente los que forman dos líneas enfrentadas del oficialismo, Jacinto Gaibur, un hombre que transitó diversos cargos de las diferentes expresiones del peronismo, está internado con un infarto devenido se sus serias desavenencias concretadas días atrás con los kirchneristas y está recluido en su domicilio particular sin poder moverse, desde San Luís, los Rodríguez Sáa piden una Asamblea Legislativa que destituya a Cristina aunque el verdadero presidente sin fueros sea Néstor y si Scioli no toma abiertamente partido en este conflicto que tiene en ascuas a la República, sus posibilidades podrían ser ocupadas por Schiaretti que con habilidad mueve los hilos desde Córdoba. Aunque no culmine de inmediato, comenzó la cuenta regresiva para el gobierno.
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