viernes, 20 de febrero de 2009

HA CAÍDO UN POLICÍA




Por Jorge Omar Alonso

Ha caído un Policía. Le quitaron la vida de la forma más brutal. Murió con la ley de la calle. Esa calle que arrebatada a la ley y el orden, ha sido ocupada por una delincuencia bestial que día a día se lleva la vida de ciudadanos inocentes.

Ha caído un arquetipo de policía. Ejemplo de quien eligió esa profesión para servir y no servirse.

Garrido honró el uniforme azul que otros mancharon.

Toda una comunidad ha llorado al policía caído. No hay mejor muestra de que ha sabido cumplir con su deber.

Una vecina le espetó a la cara del Jefe de la Policía el sentimiento de bronca que experimenta toda la sociedad. Al pedirle que renuncien si no pueden ofrecer seguridad, resumió todo el malestar que reina en toda la comunidad agredida.

Y así fue. El Sr. Salcedo presentó su renuncia. Aunque los cambios efectuados no harán variar la situación de inseguridad, ni la desorientación en la que está sumida la Policía provincial en la faz interna. Esto nada tiene que ver con las aptitudes de los nuevos funcionarios, lo que en realidad está fallando es la Justicia argentina con ese afán abolicionista del derecho penal, que deja en libertad a peligrosos delincuentes producto de la irresponsable morigeración de penas.

También el Gobernador deberá tomar en cuenta de una vez por todas de que tiene un gran problema. En vez de acompañar a quien ejerce ilegítimamente el poder supremo de la Republica en recorridas proselitistas, quien lo amonestara públicamente con relación a la situación de la Policía provincial, debe sacudirse el sayo de gobernador delegado y encarar seriamente la protección de una población amenazada de muerte.

Ante cada reclamo el gobernador, su ministro y jefe de policía repiten la letanía de: “estamos trabajando”, mientras los ciudadanos son asesinados en sus casas, negocios, en la calle o son secuestrados y despojados de sus bienes.

La raiz de esta situación no obstante se encuentra en la decadencia del Estado en todos sus aspectos. Aunque es más apropiado decir ausencia del Estado, que ha dejado librada a su suerte o a su muerte a la sociedad.

Y consecuentemente el problema del combate a la criminalidad se ha transformado en un asunto de ideologías.-

CRÓNICA Y ANALÍSIS

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Cuánto dolor!

¡Cuánta impotencia!

¿Cuándo podremos revertir esta
situación de violencia sin fin que experimentamos cotidianamente?

¿A quién pedir ayuda?

¿A la presidentA?

¿A los legisladores?

¿A los jueces?