martes, 29 de enero de 2008

NOS ESPÍAN EN LA RED

Quién espía nuestros pasos en la red

La informática facilita la labor de meter la nariz en los asuntos privados de la gente. Internet, al igual que todas las redes de datos, simplifica la tarea de controlar, ordenar y clasificar los movimientos de sus usuarios. Una visita a la trastienda de la Red mostrará por dónde circula la información y quién tiene acceso a ella.

Cada día que pasa, el bocado es más suculento. Según aumenta el número de personas que utilizan Internet y el número de horas que pasan navegando, charlando o enviando misivas electrónicas, crece el interés por conocer todo lo relacionado con las actividades de los internautas. A la mayoría de la gente no le agrada que sus trabajos por la Red, sean del tipo que sean, puedan estar a disposición de una empresa de publicidad, un banco o una institución pública. El derecho a la intimidad protege a los ciudadanos frente a este tipo de abusos, pero empiezan a ser frecuentes los casos de violación de este derecho en Internet, donde es mucho más complicado pedir responsabilidades a empresas que se encuentran a miles de kilómetros de nuestro país. Ante casos como el de la productora del concurso "Gran Hermano", que guardó y cedió datos privados de los aspirantes a participar en el famoso programa de televisión, y que fueron publicados en julio en Internet, la Agencia de Protección de Datos ha adoptado medidas cautelares, que obligan a destruir los datos privados de los aspirantes, y que pueden terminar en fuertes multas, de cientos de millones, para los procesados.
En cambio, poco se puede hacer desde aquí contra empresas como DoubleClick, que hace el seguimiento de millones de usuarios utilizando las populares cookies y que pensaba obtener la identidad de los navegantes cruzando la información de varias bases de datos. Lo cierto es que la propia infraestructura de Internet facilita a los entrometidos la tarea de conseguir, almacenar y tratar las huellas electrónicas que los internautas van dejando en cada una de sus actividades. La intimidad ya no está segura en Internet.


En definitiva, no importa qué arquitectura de red ni qué servidores posea una empresa, siempre existirá una solución no muy compleja para controlar todo el tráfico que viaja hacia Internet. Y no hablemos de las organizaciones que utilizan aplicaciones para la gestión centralizada de equipos conectados en red. En este caso los administradores tienen la posibilidad de espiar todo lo que se haga en cada máquina. Si una aplicación de este estilo está instalada en el PC de su oficina -algo muy habitual en redes de un tamaño mediano o grande- olvídese de la intimidad en su puesto de trabajo. En ciertos aspectos, este tipo de software trabaja como la última generación de caballos de Troya, que ejercen un control total sobre la PC donde residen.

La información que ha salido a la luz pública sobre el espionaje en las redes de comunicaciones públicas que han estado practicado los gobiernos de los países más poderosos de la tierra, como USA, el Reino Unido o Rusia, supera a lo imaginado por muchos libros de ciencia-ficción. Alrededor de treinta años lleva la red de escuchas Echelon interceptando todo tipo de mensajes. Creada por el gobierno yanqui con fines militares, y con el Reino Unido como principal aliado, junto con Canadá, Australia y Nueva Zelanda, al finalizar la guerra fría Echelon se convierte en un inmenso mecanismo para descubrir cualquier información que sea de interés para los gobiernos antes mencionados. Durante los últimos años ha crecido al mismo ritmo que el uso de las telecomunicaciones, aumentando su capacidad para espiar millones de mensajes y detectar de forma automática aquellos que pueden resultar interesantes. No los aburiré con detalles técnicos, sólo apuntar que Echelon cuenta con más de 120 satélites dedicados a husmear las comunicaciones de todos nosotros. Y en estos últimos meses el FBI ha llegado con su Carnívoro para animar la fiesta de los enemigos de la intimidad ajena.

Durante el viaje hacia la aldea global y la sociedad digital se pueden perder algunos derechos por el camino, como el de la intimidad de los ciudadanos. La creación de nuevas leyes que protejan este derecho en el ámbito internacional parece una necesidad de primer orden. Estas leyes no deben ser una excusa para aumentar la vigilancia que los gobiernos ejercen sobre los ciudadanos, como pretenden las directrices de Enfopol. Tampoco las cada vez más poderosas redes de espionaje dedicadas al control de las telecomunicaciones invitan al optimismo. Las últimas noticias que se conocen al respecto, en países tan significativos como USA o el Reino Unido, sólo animan a poner en remojo nuestras barbas. También parece claro que las empresas utilizarán las redes de datos internas para ejercer una mayor vigilancia sobre sus empleados. Los límites que se impongan a estas prácticas tienen que llegar tanto de las leyes laborales como de las normas de convivencia de las compañías, que deberían evitar un ambiente de campo de concentración, donde los trabajadores aprovechen la menor oportunidad para huir. En el ámbito personal, el respeto a la intimidad de los internautas será proporcional al interés y al esfuerzo de cada uno ellos por defender este derecho que tan amenazado se encuentra en eso que llaman "la nueva cultura basada en la información".

Hugo Sirio

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