domingo, 24 de abril de 2011

EL IDIOTA LENGUARAZ


Que Aníbal Fernández, califique de “estúpidos” al filósofo español Fernando Savater y al escritor Mario Vargas Llosa, es una de esas situaciones con las que el kirchnerismo acostumbra a hacernos sentir vergüenza ajena mostrándose presa de su absurdo patetismo.

El Jefe de Gabinete vino así a sumarse a la lamentable condición de obsecuente del director de la Biblioteca Nacional, dueño de la primera piedra en este kiosco oficial de “tres tiros por un peso” contra cualquier intelectual que no comulgue con el gobierno.

Es que, Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, el 1º de marzo pidió examinar el protagonismo de Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro de Buenos Aires, pretextando sus críticas a los Kirchner y al gobierno en general. A sus diatribas y pedido de “desinvitación” se unieron el filósofo José Pablo Feinmann y los escritores Mario Goloboff y Vicente Batista, en un inesperado acto de censura pública.

Tan dañino era el hecho para la imagen internacional del gobierno que, en lugar de las palmadas aprobatorias en el lomo, Horacio González recibió la perentoria orden de la presidente de retirar la nota presentada, lo que efectuó con sumisa premura pero no sin dolido rencor. Eso lo ha llevado ahora, a decir – ya sin posibilidades de que lo hagan retractarse – que “Vargas Llosa tiene la idea principesca de los intocables, entonces por cualquier cosita se cree censurado” y lamentó que el novelista peruano “se crea una víctima“.

En el acto de inauguración de la feria, el escritor peruano-español reconoció que los organizadores resistieron “las presiones de algunos colegas y adversarios de mis ideas políticas”, por lo cual expresó con exquisita ironía: “Extiendo mi agradecimiento a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, cuya oportuna intervención atajó aquel intento de veto. Ojalá esta toma de posición a favor de la libertad de expresión de la mandataria argentina se contagie a todos sus partidarios y guíe su propia conducta de gobernante”.

Mientras Aníbal Fernández los calificaba de estúpidos y Savater le dejaba en claro su condición de necio mayor con el viejo refrán español: “a palabras necias, oídos sordos”, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, remarcó que en la Argentina “la democracia está consolidada y la libertad de prensa es moneda corriente“. Con lo cual consiguió dejar sentada su habitual posición de, sin callarse la boca, no decir nada.

Pero, por si no teníamos suficientes manifestaciones de intelectualidad oficial, el inefable Ministro de Relaciones Exteriores vino a sumar la suya respecto al futuro del santuario de la calle Bartolomé Mitre y consideró que la arteria debe cambiar el nombre en homenaje a las víctimas de la tragedia. “Que la Legislatura (porteña) abra ya el debate a los vecinos sobre un nuevo nombre para la calle en homenaje a las víctimas de Cromañon“. Si Timerman no fuera un provocador patológico, que usa su violencia para impedir que se vea que no hace su trabajo, se le debería iniciar un proceso por insanía.

Cada día que pasa se hace más patente que La Argentina no necesita enemigos, con sus gobernantes tiene de sobra y, es más, posiblemente no tiene enemigos porque nadie se animaría ya a invadirla por el simple temor de contagiarse de su estupidez.

Una estupidez que algunos, desde sus privilegios, ostentan con orgullo e inmodestia pensando que es una especie de don, de gracia divina con que fueron tocados para envidia de los mortales.

Los organizadores de la Feria del Libro podrían ahorrar esos dineros que gastan en impresentables, como Savater y Vargas Llosa, echando mano a tantos Fernández, Timerman, Randazzo y González que tenemos aquí, siempre dispuestos a deslumbrarnos con su intelecto y a hacernos sentir orgullosos del reconocimiento que tienen en el resto del mundo.

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