miércoles, 13 de agosto de 2008

ENFOQUES

Los robos, toma de rehenes y asesinatos de estos días, siguen teniendo raíz política. Nada se hará sólo con más policías y móviles

Mayor cantidad de efectivos policiales y de automóviles y motocicletas para que ellos usen, no van a servir para frenar la ola de muertes que en estos días está provocando la inseguridad

En las últimas horas viene más afectado el Partido de San Martín, pero el flagelo se manifiesta en todo el conurbano bonaerense, y la Capital Federal no está fuera del mismo como tampoco cualquier ciudad del país. Ya nadie está a salvo de esta incontrolable acción delictiva que tiene su raíz en el funcionamiento de la política y en el mal ejemplo que dan los funcionarios que deberían estar trabajando seriamente para terminar con el problema.

En la provincia de Buenos Aires, cada vez que estos picos se producen en lugares puntuales, allí acude raudamente el Ministro de Seguridad del distrito, prometiendo llevar más personal y más móviles, lo que constituye reacciones espasmódicas que de nada sirven, y además, esos refuerzos desaparecen a los pocos días, porque tienen que ir a cubrir un nuevo foco delictivo, que aparece en otra localidad.

Y, si esto no se detiene de otro modo, seguirán muriendo argentinos a manos de cebados delincuentes, y de drogadictos que se sienten respaldados por la debilidad de las leyes y de quienes deberían aplicarlas.

Semanas atrás ENFOQUES POSITIVOS publicó una nota referida al funcionamiento de la Justicia en la Argentina, la tendencia de los Fiscales y Jueces en favorecer a los delincuentes, explicándose allí las razones ideológicas, por así llamarlas, que impulsaban a dichos comportamientos.

No hace falta ser un gran analista como para advertir lo que sucede detrás de todo este fenómeno de gran inseguridad. Basta sólo imaginar qué piensa un Policía cada vez que debe actuar frente a los delincuentes. Todos sabemos de sus limitaciones, materiales, legales y también sobre su estado anímico. El Policía está desamparado totalmente frente a ese actuar de la Justicia que termina liberando al más feroz de los delincuentes, lo que no sólo instala el peligro para la sociedad en general, sino también para la supervivencia del policía que arriesgó su vida en la investigación y arresto del delincuente, y la de su familia.

Lo dicho no es un invento. El lector lo puede comprobar si establece un diálogo con algún miembro de las Fuerzas de Seguridad, y logra la confianza que este necesita para hablar de sus problemas.

Ese Policía, o Gendarme, o Prefecturiano va a hablar de su marcado desgano para combatir el delito. Ese hombre lee los diarios, ve la televisión, se entera por cualquier medio acerca de la situación política en general, las sospechas y denuncias por corrupción, y quiénes son los funcionarios que actúan en el Gobierno, conociendo asimismo sus antecedentes, algunos de los cuales incluirían hasta homicidios que no habrían sido pagados ante la Justicia, o un serio compromiso y vinculación con la actividad terrorista de los años setenta.

Hoy se hace necesario una contundente y clara postura del Gobierno que demuestre estar en contra de la delincuencia, y decidido a terminar con la inseguridad pública.

Hasta que esa voluntad -sobre la que ya muchos estarían poniendo en duda que exista-, se manifieste, poco se avanzará para terminar con el delito, o por lo menos para reducirlo de manera sustancial …

Carlos Cabana Cal.
ENFOQUES POSITIVOS

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