Llueven limones y ceniza sobre Buenos Aires mientras los agropecuarios “Deberán atenerse a las consecuencias”
Si Argentina exportara saliva en cuatro años pagaría su deuda externa. Las reuniones, reuniones y más reuniones entre funcionarios y dirigentes de las cuatro entidades del agro sirvieron para llegar a un no acuerdo. Todos querían arribar a uno y bien, ya lo tienen. A otra cosa. Pero para el jefe de Gabinete, por no haber aceptado las condiciones emanadas del alto mando kirchnerista, los hombres de campo “Deberán atenerse a las consecuencias”. No las enumeró. Está en falta.
Casi dos meses y sesenta reuniones son demasiadas para colmar la paciencia de cualquier mortal y para arribar a una solución seria de cualquier problema. Debemos entender que los productores tenían la obligación de estar al tanto de la negativa gubernamental de disminuir el porcentaje de las retenciones y que ese período le serviría al Gobierno para hacer “inteligencia” sobre las fuerzas enemigas (para los Kirchner no existen los adversarios). ¿Dos meses y sesenta reuniones habrán sido las cantidades que tejió el oficialismo para aprobar la construcción de esa pirámide egipcia llamada tren rápido?
Los Moyano repitieron sus amenazas. Padre e hijo dijeron que “Si en las rutas no pasan los camiones no pasa nadie”, con lo que el bloqueo total de los caminos y el consiguiente desabastecimiento alimenticio de pueblos y ciudades estaría provocado por el propio Gobierno. Después de las dudas que planteó la ineficiencia oficial para sofocar los incendios en el Delta entrerriano y bonaerense, semejante actitud, sabiendo que la familia camionera es una de las principales espadas desenvainadas de los Kirchner, provocaría un descontento aún mayor en los sectores de clase media que por lo general son –o dicen ser– mejor informados que los sectores populares.
Mientras, el matón DElía ha trocado su adversario y se dedicará esta vez a “controlar” los precios en supermercados y paseos de compras, una actividad mucho más amena que salir a romper manifestaciones compuestas de “blanquitos”, mujeres y niños. No obstante, es posible que el cambio de rubro se deba a que fue informado que un grupo de rugbiers pertenecientes a la clase social que odia, arde en deseos de conocerlo personalmente. Qué scrum se avecina.
Si los Moyano, DElías y otros como él, y el publicista Braga Menéndez son los encargados de atosigar a los medios de prensa para defender la política oficial, el Gobierno debe estar muy solo. Y si la crisis se agrava lo estará aún más. Hay que reconocer que el jefe de Gabinete tiene sólo dos manos y una boca. Más no puede hacer. En la medida que los ruralistas ajusten las clavijas de su relación con gobernadores, intendentes, concejales y legisladores nacionales y provinciales, ese aislamiento se acrecentará. La pelea es por plata y los políticos viven muy bien con ella y por ella; y esa plata se la dan los mismos que hoy protestan y dicen no ser representados políticamente.
El Gobierno se encuentra al borde de un ataque de nervios, o a lo mejor hace tiempo que se sumergió en él. Estaría en condiciones de solucionar, por ejemplo, el tema del futuro desabastecimiento de alimentos que provocarían sus aliados camioneros. ¿Cómo?: importándolos. Con la suma del poder público otorgado por el gracioso Congreso puede hacer cualquier cosa: importar gas, energía eléctrica, gasoil y fuel oil, estatizar más empresas que antes fueron estatizadas y vuelta a privatizar o rápido, importar un tren rápido. ¿Alimentos no? Claro, para eso habría que planificar y las cosas se resuelven a medida que se presentan. ¿Se resuelven?
Pero en Argentina pasan otras cosas. El lunes nos referimos tangencialmente al actor uruguayo –parece que retirado– Pablo Echarri y tres días después la población se anotició que Echarri pidió custodia policial ya que asegura haber recibido amenazas de parte de potenciales secuestradores. Al parecer, el secuestro de su padre perpetrado años atrás no dejó conforme a los delincuentes que intentan ir por más. Es de esperar que ese problema sea resuelto. También, en vez de “llover café” al mejor estilo del cantante Juan Luis Guerra, llovieron limones sobre la ciudad bolivariana Buenos Aires. Debido a un percance que se produjo en un camión de transporte de alimentos, veinte toneladas de limones cayeron desde una autopista hacia la avenida 9 de julio que de “la más ancha” se convirtió en un santiamén en “la más agria del mundo”. En menos que canta un gallo una multitud, como termitas, hizo desaparecer el cargamento que vino del cielo. Y no era café.
A último momento de este día, una gran nube de ceniza, proveniente de un volcán que entró en actividad en el sur de Chile, está llegando a la Ciudad de Buenos Aires. Antes fue el humo, ahora es la ceniza. Por las dudas, alguien debería aconsejar al matrimonio Kirchner que ante esta invasión gris blancuzca, amaine las velas y no se pelee con la Bachelet. Aquí le sobran contrincantes.
SALINAS BOHIL
COREO DE BUENOS AIRES
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